El Tránsito a una “Nueva Normalidad”

Y aquí estamos nuevamente, de pie, transitando a una “nueva normalidad”, tratando apresuradamente de regresar a nuestra vida anterior: mismos horarios, mismos hábitos, mismas rutinas. Forzando nuestros impulsos para adaptarlos exactamente a lo que siempre hicimos, a lo que siempre fuimos, a como fuimos hasta hace algunas semanas.

Sin embargo, nuestra realidad cambió en esta nueva normalidad, nos sorprendió tristemente ver a compañeros de trabajo, amigos y hasta familiares en espacios “más distantes”, menos efusivos, menos afectivos: abrazos mímicos, gesticulaciones inusuales en el marco de una poco acostumbrada “sana distancia”.

Nuestros movimientos
debieron ser controlados por
accesorios de higiene , filas impensadas y protocolos con
medidas que se convirtieron en nuevos rituales
sanitizantes para todo aquello susceptible de contagio
secuelas todas de una horrorosa pesadilla en la que
hemos estado inmersos.

Pandemia, contagios, portadores, enfermos y muerte, noticias catastrofistas unas y verídicas otras, cuestionamientos y confrontaciones con las autoridades respecto al qué debemos hacer y qué no, si usamos cubrebocas o disimular traerlo, si una autoridad miente y la otra no, en fin, una serie de acciones que nos confunden día a día; ideas que van desde el no creer que el virus existe, hasta la realidad latente que nos aguarda afuera como un enemigo feroz que es letal y contrario a toda respetable opinión, sí existe…

Es innegable que
si la vida cambió al exterior, mucho
cambió también y cambiará hacia dentro de nosotros. Nos
hemos afectado en lo psicológico, en lo emocional y
en lo fisiológico se han apoderaron de nuestra mente
pensamientos inadecuados de miedo y desconfianza
con respecto a todo y a todos, incertidumbre al futuro
inmediato y a las situaciones impredecibles.

La catástrofe ha sido tópico en hogares y oficinas; el qué pasará en negocios, los empleos y la sociedad en general; el cómo podrá ser la convivencia futura en el autotransporte, plazas públicas, teatros, estadios, bares… Hemos tenido que modificar planes individuales, proyectos a corto y mediano plazo. Hemos tenido que postergar citas, compras, viajes, consultas médicas, etc.
Este panorama caótico ha llevado a la sociedad en general, a la desesperación, a la frustración, con efectos y reacciones emocionales no previstas, que van desde la intransigencia y la intolerancia, hasta la violenta agresión social, ofensiva y destructiva.

Vemos en todos los ámbitos sociales actos de exacerbada irracionalidad e iracundia incontrolada: en plazas y calles, diatribas verbales en medios de comunicación; ofensas y descalificaciones en redes sociales, encono de unos contra otros, expresiones de violencia explícita.

Pareciera que esta calamidad llamada COVID19 en su paso desbocado por cada país, nos está arrebatando la posibilidad de ser mejores exhibiendo lo peor de cada uno de nosotros. A través de nuestras acciones cotidianas mostramos aquellos rezagos rudimentarios y salvajes que subyacen en nuestra reminiscencia antropológica; estamos dejando de lado lamentablemente, la humanidad que somos por la animalidad que fuimos.

El futuro que viene, ¿por dónde comenzar? Difícil tarea y tal vez:

• Entender que ya nada volverá a hacer igual que antes.
• Volvernos observadores del entorno y de nosotros mismos (My self). Cómo me protejo y cómo protejo a otros.
• Preparar nuestro pensamiento para la adaptación de nuevos paradigmas, de nuevos modelos de comportamiento.
• Aprender a soltar estructuras que por tanto tiempo regularon y rigieron la confortable convivencia social en la que vivíamos.
• Analizar y revisar desde la autoconsciencia (self-awareness), todo aquello que nos dignifica, que nos enaltece, en la medida cultural y situacional de
cada uno.
• Hacer acopio de fortaleza para ir en búsqueda incansable de todo lo que amamos y nos hace bien. Lo que nos acaricia por dentro.
• Buscar de manera incansable aquello que trasciende y eterniza. Nuestro prójimo (el otro) es una fuente inagotable de esto.
• Comenzar con valentía y de una vez por todas, desde lo elemental hasta lo sublime. Hacer como dice Martín Buber: “dejar de ser un Yo y un Tú para convertirnos en un Nosotros…”

▪ Semper sempercue amare vitae est
George

Jorge Humberto García Valdivia

AUTOR

• Experto en Capacitación y Reclutamiento en Capital Humano en GiCBC Group
• Maestro educador, musicoterapeuta
• 45 años de trabajo con adolescentes y grupos humanos
• Lic. en Educación Musical
• Lic. en Comunicación e Información
• Maestría en Psicoterapia Humanista
• Diplomado en Personalismo Comunitario
• Diplomado en Tanatología
• Conferencista en Desarrollo Humano
• Consultor empresarial

Julio 2020 |Blog GiCBC